Por: Néstor Bonilla Naboyán

Los estudios históricos indican que en 1539 se habría producido una primera localización de Buenaventura atribuida al conquistador Juan de Ladrilleros, y un año después, en 1540, Pascual de Andagoya habría oficializado la fundación del puerto del Pacífico (González, 2017). No obstante, varios cronistas como Cieza de León (1524–1554), Gonzalo Fernández de Oviedo (1478–1557) y Cristóbal Salinas coinciden en que las primeras localizaciones no fueron marítimas sino fluviales.
BUENAVENTURA – PANORÁMICA DE LA ISLA DEL CASCAJAL

Foto: periódico el Espectador: https://images.app.goo.gl/rESFf5eK57TrT3vq9
Buenaventura, como capital natural del Pacífico sur colombiano, ha enfrentado históricamente retos como la presencia de guerrillas, paramilitarismo, narcotráfico, corrupción y abandono estatal. Estas problemáticas reflejan un entorno de conflicto y rezago histórico que influye en la construcción y consolidación de su identidad cultural.
En Colombia, la convulsión política se manifestó con la aparición de movimientos guerrilleros, influenciados tanto por la Revolución Cubana como por las tensiones internas. Así nacieron las FARC en 1964 y el ELN en 1965, justo cuando Jhon F. Kennedy Malcolm X y Luther King fueron asesinados en Estados Unidos.
Durante esta misma década, Buenaventura contó con la presencia de dos figuras fundamentales para su desarrollo político y social. Por un lado, Eusebio Muñoz Perea (1927–1990), oriundo de Guapi, y por el otro lado, Monseñor Gerardo Valencia Cano (1917–1972), a quien se conoció como “el obispo de los pobres” o “el obispo rojo”, quien dejó un profundo legado social y educativo.
Para esta época, Buenaventura fungía como un puerto de gran relevancia no sólo para el comercio exterior, sino también para el arribo de barcos de pasajeros, afirmando así su papel como centro de conexión regional e internacional. La zona de San Andresito, ubicada detrás del Parque Bolívar, vio el florecimiento de comerciantes informales denominados “turros”, que ofrecían productos foráneos. También albergó una de las zonas de tolerancia más dinámicas del sur del continente: La Pilota.
En la misma época en la ciudad de Nueva York, se gestaba lo que en los años setenta se consolidaría como la salsa, reconocida inicialmente como ritmo, pero entendida, en un estudio más profundo, como un fenómeno cultural y social.
Resulta pertinente subrayar que la génesis de cualquier tradición musical no parte de cero, pues la historia de Occidente refleja un constante intercambio entre sonoridades europeas, americanas y africanas
Durante los años 50, surgieron en Buenaventura diversos grupos musicales como Los Jóvenes del Mambo, Alma Porteña, Ritmo y Sabor, Perico y su Combo y La Gigante del Pacífico.
En los 60, Peregoyo y su Combo Vacaná emergió como una de las agrupaciones más influyentes de la música colombiana originada en la región del Pacífico, específicamente en Buenaventura. Liderada por Enrique Urbano Tenorio (1917-2007), conocido artísticamente como “Peregoyo”, la trayectoria de esta figura resultó clave para la creación y consolidación de la música afropacífica y afrocolombiana en el contexto nacional.
se caracterizó por la diversidad de sus géneros: abosao, aguabajo, currulao, jota chocoana, boleros, boleros son, guarachas, son montuno, jazz, salsa, entre otros; muchos de ellos de origen puertorriqueño, cubano y neoyorquino. La agrupación comenzó a presentarse en 1962, con un conocimiento eminentemente empírico que prescindía de partituras (o “guataca”, como ellos mismos lo denominaban), ofreciendo sus presentaciones en clubes, verbenas, celebraciones familiares y festividades locales, incorporándose así de manera orgánica a la cultura popular de la época.
Por otra parte, se sabe que la agrupación Peregoyo y su Combo Vacaná fue la primera en difundir la música del Pacífico colombiano a nivel nacional e internacional, gracias a temas como “Mi Peregoyo” y “Mi Buenaventura” de Petronio Álvarez, este último el más sobresaliente en la historia del grupo.
Dicha agrupación abrió el camino para que la música del Pacífico colombiano trascendiera hacia públicos más amplios, integrando elementos tradicionales y modernos. Esta propuesta estilística se presenta como un “nuevo relato musical” en la medida en que logró plasmar la cotidianidad y vivencias de la región, vinculándolas con su diversidad cultural y sonoridades propias para llevarlas al resto de Colombia y del mundo; dicho aporte se convirtió en un referente significativo de la historia sonora nacional.
Su mayor influencia provino de Cortijo y su Combo (Puerto Rico), tanto en la adopción del concepto de “combo” como en la inclusión de trompeta, saxofón, congas y timbales. Aunque la música de Peregoyo resultaba menos compleja en lo armónico y en los arreglos, estableció diálogos con sonoridades cubanas y puertorriqueñas, llegando incluso a interpretar el primer latin jazz (“Caravana”), de autoría del trombonista boricua Juan Tizol en la década de 1920. Esta adopción de ritmos y melodías fue motivo de reinterpretaciones posteriores, como ocurrió con “Ola de la mar”, retomada en 2003 por el bonaverense Jimmy Saa, quien reconoció la influencia de Peregoyo en su propia versión (A. Ulloa, comunicación personal, diciembre 2022) y el coco de la vieja, interpretada por el Grupo Niche.
Cabe señalar que fueron pioneros en grabar un LP (Long Play) en Colombia en 1965, en una época en que el Pacífico se apoyaba en la tradición oral, para la preservación de su acervo musical. Dicha incursión sentó las bases para proyectos posteriores, permitiendo a la región expandir su alcance en sellos discográficos globales y festivales de música afrocolombiana de renombre nacional e internacional. El grupo llegó a publicar cuatro LP hasta 1970, año en que concluyó su discografía.
Su contribución a la historia musical del sur del Pacífico radicó en la modernización y urbanización del currulao, sin apartarse de la estructura rítmica tradicional del 6/8 ni del sabor propio de la región (Ulloa, 2002, p.19).
El currulao es el género musical más emblemático del litoral Pacífico colombiano, especialmente en los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Este género se caracteriza por el uso de instrumentos como la marimba, los cununos, los guasás, los bombos y las voces de las cantaoras, que conforman un ensamble lleno de ritmo y espiritualidad
La innovación de Peregoyo radicó en su “sonido inédito” (Quiñones, 2021, p.10), reemplazando el conjunto tradicional de marimba y tambores por una orquesta de corte cubano con vientos, bajo eléctrico y guitarra, lo que permitió un ensanchamiento del espectro tímbrico y melódico. Este giro no solo fue una “revolución sonora”, sino una manera de hacer más accesible el currulao y otros ritmos del Pacífico a audiencias andinas y ajenas a la región
La propuesta del Vacaná iluminó un camino que luego sería transitado por artistas como Jairo Varela, Alexis Lozano y Jimmy Saa, entre otros que, al incorporar ritmos afrodescendientes del Pacífico con influencias antillanas, robustecieron el panorama de la música colombiana.
Peregoyo se inspiró en la música raizal afrocolombiana de las selvas, los montes y los ríos de la costa Pacífica. En su primer álbum de larga duración, integró ritmos como el currulao, el abozao chocoano, el agua bajo, el porro y el son montuno del Caribe; además, incorporó elementos de descarga, similares a los de las orquestas puertorriqueñas y cubanas.
La innovación del Vacaná radicó en trasladar el sonido de la marimba a instrumentos como la guitarra eléctrica, los saxofones y las trompetas, creando un estilo comercial, bailable y atractivo (Caicedo, 2008).
La historia del Combo cambió radicalmente cuando conocieron a Leonor González Mina; desde ese momento (1962), dejaron de ser un conjunto provincial que interpretaba ritmos caribeños e interioranos y se convirtieron en el estandarte musical del Pacífico. En ese entonces, el cantante del Vacaná era Otto Palma Triviño.
Un tema emergente en el estudio del Combo Vacaná es el cambio en las técnicas de grabación y difusión musical. En la actualidad, las producciones son altamente tecnológicas, lo que contrasta con las limitaciones técnicas de la década de los sesenta. Durante ese tiempo, la música se grababa “en bloque”, un proceso en el que todos los instrumentos se registraban simultáneamente en una misma toma.
En contraste, los artistas actuales tienen la posibilidad de grabar instrumentos por separado, incluso desde diferentes continentes, gracias a la digitalización y las plataformas modernas. Sin embargo, es destacable que, a pesar de las limitaciones de su época, el Combo Vacaná logró un sonido distintivo que permanece como un testimonio de su creatividad y capacidad técnica.
Néstor Bonilla Naboyán y Francisco Peña trompetista del Combo Vacaná entregando reconocimiento por su participación en la agrupación.

foto: Yudy Vanessa Quintero Lasso
Resulta fundamental rescatar su legado para que los jóvenes lo integren a las manifestaciones artísticas contemporáneas y mantengan vivo el diálogo con la riqueza musical del Pacífico colombiano.
Según Rafael Perea Chalá[1], Buenaventura es considerada una ciudad de paso debido a que la mayoría de sus habitantes tienen origen en los ríos circundantes como Guapi, Timbiquí y López de Micay (comunicación personal); esta característica convierte a Buenaventura en una ciudad en constante construcción.
La comprensión del aporte de Peregoyo y su Combo Vacaná a la cultura musical del Pacífico colombiano y a Buenaventura en particular requiere un andamiaje teórico que articule visiones poscoloniales, decoloniales, históricas, sociológicas y antropológicas. Esta mirada interdisciplinar permite valorar su aporte como expresión de una hibridación cultural.
Las referencias a la salsa y el jazz (Arias, 2012; Quintero, 2022), y la integración de “Caravana” por parte del Vacaná, muestran que Peregoyo no solo abrió el currulao hacia el Caribe, sino que lo conectó con corrientes globales. De este modo, su aporte va más allá de la hibridación sonora: se configuró como un agente cultural capaz de reinterpretar el pasado, posicionar el presente y proyectar el futuro de la música del Pacífico.
Enrique Urbano Tenorio y su Combo Vacaná, han sido excluidos de la conversación nacional sobre los grandes grupos que contribuyeron a la identidad musical de Colombia. En entrevistas con integrantes del Combo, como Marcos Micolta[2], emerge una revelación clave: a diferencia de la creencia popular que clasifica al grupo como un exponente de la música del Pacífico fusionada con la música del Caribe, la realidad podría ser inversa.
Néstor Bonilla Naboyán y Marcos Micolta (marquitos) vocalista del Combo Vacaná entregando reconocimiento por su participación en la agrupación.
[1] Rafael Perea Chalá, es doctor en Humanidades de la universidad del Valle, docente universitario e investigador, experto en la cultura afroamericana. [1] Voz principal del Vacaná y quien puso la voz y en los cuatro Lp grabados por el Grupo entre 1965 y 1970, fue fundamental en la consolidación de la identidad del Combo.

foto: Yudy Vanessa Quintero Lasso
Peregoyo falleció en Cali el 18 de octubre de 2007, dejando un legado que transformó el folclor del Pacífico colombiano en una expresión popular reconocida nacional e internacionalmente. Su espíritu innovador y su amor por la música continúan inspirando a generaciones de músicos del Pacífico colombiano.
REFERENCIAS
Ulloa, A. (2002). La música del Pacífico colombiano: entre el folclor tradicional y la música popular contemporánea. Pacífico Sur (1), 17-25.
Caicedo, N. (2008). El Festival de la Marimba y la música del Pacífico. Cali: Secretaría de Cultura y Turismo.
Arias , M. (2012). La verdadera historia de la salsa. Cali: Litocencoa.
Quintero, G. (2022). ¡Ecuajey! Historias salseras, de rumba y nostalgia caleña. Cali: El Silencio.

